Muchos creen que las várices son sólo un problema estético, que hacen lucir mal las piernas, ya que al principio no hay síntomas molestos. Pero con el progreso de la enfermedad comienzan a aparecer la sensación de cansancio, pesadez, escozor e hinchazón de pies y tobillos.

Las várices se producen por la presión que la sangre ejerce sobre las venas por lo que estas se hinchan y dan origen a las mismas a causa de la debilidad de sus paredes y sus válvulas. Estas se presentan con mayor frecuencia en las piernas y más en las mujeres que en los hombres.
La enfermedad varicosa puede variar desde las telangiectasias, conocidas como arañas vasculares o derrames y que básicamente representan un problema estético, hasta las várices que son verdaderos cordones palpables. Y es común observar en una misma persona la asociación de las diferentes formas.
Entre los factores más frecuentes encontramos: el estar de pie demasiado tiempo, el sobrepeso, el sedentarismo, la falta de ejercicio, el consumo excesivo de alcohol y tabaco y, por sobre todo, la acción de las hormonas femeninas.
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Algunos consejos útiles para aliviar las molestias y dolores provocados por las várices son:
- No usar medias o prendas que dificulten la circulación en las zonas afectadas.
- Realizar caminatas diarias o cualquier tipo de ejercicio que ayude a prevenir y repara los daños provocados por las várices.
- Colocar las piernas en alto luego de estar mucho tiempo sentada o caminando.
- Evitar los excesos de peso.
Entre los remedios homeopáticos podemos encontrar las tinturas de licopodio o pomadas de hamamelis. Se recomienda el uso de estos compuestos en casos en que no haya un estado de salud comprometido y el grado de las várices no sea crítico.
En caso de ser excesivo el tamaño de la várice es recomendable consultar con un flebólogo.
Los tratamientos quirúrgicos logran aislar el vaso dilatado de la circulación venosa. Los métodos más difundidos por su efectividad y practicidad son las inyecciones esclerosantes y la microcirugía. Para las pequeñas várices y derrames, se utilizan las inyecciones, que consisten en la introducción de una sustancia en el interior del vaso, que termina por colapsar y desaparecer. Las várices de mayor calibre pueden quitarse mediante microcirugía.
También el tratamiento con rayos láser a través de la piel se revela ideal para eliminar, en tres o cuatro sesiones, las venitas y derrames más superficiales. Si se trata de várices de mayor calibre, puede ser eficaz el tratamiento con láser endoluminal.
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